Los recién nacidos prematuros que reciben atención temprana desarrollan un progreso mental superior a los que no son intervenidos, los cuales tienen altas probabilidades de arrastrar secuelas cognitivas y motoras. Son niños prematuros los que nacen antes de las 37 semanas de gestación.
El número de niños prematuros se ha multiplicado por tres en los últimos veinte años.
El tratamiento debe comenzar tan pronto como se detecte la necesidad. De esta forma resultará una gran oportunidad para desarrollar al máximo las capacidades del niño. El objetivo principal de la Atención Temprana es facilitar estímulos que permitan desarrollar habilidades que favorezcan la correcta maduración de los procesos que integran el desarrollo infantil.
El papel de los padres en este tipo de intervenciones resulta esencial, ya que el vínculo socio afectivo entre los padres y el niño es uno de los canales de información más enriquecedores y estimuladores. De ahí la importancia del trabajo con la familia, que les ayude a comprender y a manejar las dificultades del niño y a ser partícipes de la intervención, dotándolos de estrategias que les permitan enriquecer la comunicación con su hijo y a potenciar al máximo su desarrollo.

